domingo, 21 de febrero de 2010

Primera parte: Decir adiós

Dedicado: a mi amiga giuliana

Ésta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré. Mañana por la mañana, cuando la mujer con la que he convivido durante seis años se haya ido a trabajar en su bicicleta y nuestros hijos estén en el parque jugando con su pelota, meteré unas cuantas cosas en una maleta, saldré discretamente de casa, esperando que nadie me vea, y tomaré el metro para ir al departamento de Víctor. Allí, durante un periodo indeterminado, dormiré en el suelo de la pequeña habitación situada junto a la cocina que amablemente me ha ofrecido. Cada mañana arrastraré el delgado y estrecho colchón hasta el trastero. Guardaré el edredón impregnado de humedad en una caja. Y recolocaré los almohadones en el sofá.

No pienso volver a esta vida. Me resulta imposible. Tal vez debería dejar una nota para decírselo: -Querida Susan: No voy a volver...-; Tal vez sería mejor telefonear mañana por la tarde. O quizá podría venir a verla durante el fin de semana. Todavía no he decidido los detalles. Es casi seguro que no le comunicaré mis intenciones ni esta tarde ni esta noche. Lo voy a posponer: ¿Por qué? Porque las palabras son acciones y provocan acontecimientos. Una vez pronunciadas, no puedes retirarlas. Sera algo irrevocable, y tengo miedo y estoy indeciso. De hecho, estoy temblando, y llevo así toda la tarde, todo el día.

Ésta. pues, puede ser nuestra última tarde como una familia honesta, completa e ideal, mi última noche con una mujer a la que conozco desde hace diez años, una mujer sobre la que lo sé prácticamente todo y junto a la que no quiero seguir más tiempo. Dentro de poco seremos como extraños. No, nunca seremos eso. Herir a alguien es un acto de involuntaria intimidad. Seremos conocidos peligrosos con una historia en común. Aquella primera que ella puso su mano sobre mi brazo..., ojalá le hubiese dado la espalda. ¿Por qué no lo hice? Es desperdicio, qué pérdida de tiempo y sentimientos. Ella ha dicho algo similar sobre mí. ¿Pero realmente hablamos en serio? Estoy hecho un completo lío sobre todas estas preguntas.

Sentado en el borde de la bañera. contemplo a mis hijos, de cinco y tres años, cada uno en una punta. Sus juguetes, animales de plástico y biberones flotan en el agua, y ellos parlotean consigo mismos o el uno con el otro, por una vez sin pelearse ni gimotear. Son bulliciosos y vivarachos, y la gente comento lo felices y cariñosos que parecen. Esta mañana, cuando salía hacia el trabajo, consciente de que hoy tendría que tomar varias decisiones, el mayor ha insistido en que le diera otro beso antes de cerrar la puerta y ha dicho: <>

Mañana haré algo que les dolerá y les marcará. El pequeño llevaba hoy unos pantalones de algodón, una camisa gris, tirantes azules y un casco de policía. Mientras meto estas prendas en la cesta de la ropa sucia, me sobresalta un ruido procedente del exterior. Aguanto la respiración.

¡Ya!

Susan ingresa la bicicleta en el recibidor y saca las bolsas de la compra de la cesta.

Estos meses, y sobre todo los últimos días, esté donde esté -mientras trabajo, hablo o espero el autobús-, he pensado en esta ruptura desde todos los ángulos posibles. Viajando en el bus, me he pasado de paradero muchas veces, o he llegado a un lugar que me es familiar y no lo he reconocido. No siempre sé dónde estoy, lo cual es una experiencia agradablemente absorbente. Pero estos días tengo la impresión de que contemplo el mundo cabeza abajo.

He estado intentando convencerme de que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer: Puede resultar doloroso, pero no tiene por qué ser una tragedia. Si uno no dejase nunca nada ni a nadie, no tendría espacio para lo nuevo. Sin duda, evolucionar constituye una infidelidad..., a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Tal vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, que garantizaría la fe en el futuro..., una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores.

Y, sin embargo, voy a cambiar a Susan, mis hijos, mi casa y el jardín lleno de plantas de marihuana y cerezos en flor que veo a través de la ventana del lavabo, por una habitación en casa de Víctor, donde habrá corriente y el suelo estará cubierto de polvo.

Víctor dejó a su mujer hace ocho años. Desde entonces -incluso sin contar a la prostituta china que tocaba el piano desnuda y llevaba todas sus pertenencias consigo cada vez que concertaban una cita - no ha tenido más que amores desdichados. Si suena el teléfono, ejecuta una suerte de danza aterrorizada, preguntándose qué oprobio está a punto de caerle encima y de dónde provendrá esta vez. Víctor, como puedes comprobar, sabe dar a las mujeres esperanza, a falta de satisfacción.

Los pubs y los restaurantes nos parecen más agradables. Debo decir que cuando Víctor no está sentado a oscuras, con los ojos hundidos y las pupilas dilatadas por la perplejidad y la rabia, puede resultar agradable, incluso divertido. A él no le importa si yo estoy poco hablador o especialmente locuaz. Está acostumbrado a mi manera de saltar de un tema a otro, siguiendo los impulsos de mi mente. Si le pregunto por qué su mujer todavía le odia, me lo dice. Como a mis hijos, me gusta que me cuenten una buena historia, sobre todo si ya la he escuchado antes. Quiero conocer todos los detalles y la atmósfera. Pero él habla lentamente, como hacen algunos ingleses. A menudo no sé si simplemente está pensando la siguiente palabra, o si no va a volver a abrir la boca. Aunque lo cierto es que agradezco estos intervalos, porque me permiten dejarme llevar por mis ensoñaciones. ¿Pero quiero yo monólogos y pausas, corrientes de aire y pubs todos los días?

Susan ha entrado en la habitación.

-¿Por qué nunca cierras la puerta del cuarto de baño? - me pregunta.

- ¿Qué?

- ¿Por qué no la cierras?

No sé qué responder.

Besa enérgicamente a los niños. Adoro su entusiasmo por ellos. Siempre que hablamos de verdad, es sobre ellos, sobre algo que han dicho o hecho, como si fuesen una pasión que nadie más puede compartir o entender:

Susan no me toca, pero acerca la mejilla a escasos centímetros de mis labios, de modo que para darle un beso tengo que inclinarme hacia adelante; una postura humillante para ambos. Huele a perfume y a calle.

Va a cambiarse y reaparece con unos tejanos y una sudadera, y un vaso de vino para cada uno.

- Hola, ¿cómo estás?

Me mira fijamente, para que repare en ella. Siento que mi cuerpo se contrae y se empequeñece.

- Bien - respondo.

Asiento y sonrío. ¿Ve ella algo diferente en mi cara hoy? ¿Ya me he puesto en evidencia? Debo de parecer hundido. Normalmente, antes de verla me preparo dos o tres posibles temas, como si nuestras conversaciones fuesen exámenes. El caso es que me acusa de que cuando estoy con ella no abro la boca. Si supiera cómo tartamudeo interiormente. Hoy estaba demasiado alterado para ensayar mi papel. Esta tarde me ha resultado especialmente difícil. Y el silencio, como la oscuridad, puede ser plácido; también es un lenguaje. Las parejas tienen buenas razones para no hablar.

Me cuenta que sus compañeros de trabajo la han dejado colgada.

- No dan la talla- dice.

- ¿En serio?

Susan está pasando por un momento difícil desde que la editorial fue comprada. Pero de todas formas es una mujer radical en sus opiniones sobre los demás, tanto si le producen entusiasmo como aversión. Y normalmente es aversión. Otros, incluido yo, la irritan y la frustran. Es perturbador cómo me veo obligado a compartir sus sentimientos, a pesar de que no conozco a las personas a las que se refiere. Mientras habla conmigo, entiendo por qué dejo la puerta del lavabo abierta. No puedo estar en la misma habitación con ella mucho rato sin tener la impresión de que tengo que hacer algo para que deje de estar tan enfadada. Pero nunca sé qué hacer y al poco tiempo tengo la sensación de que me va a empujar contra la pared y va a empezar a abofetearme.

La bañera se vacía lentamente, porque los juguetes de los niños tapan el desagüe. No quieren salir hasta que no quede ni gota de agua, y entonces se hacen bigotes y sombreros con la espuma que queda. Finalmente levanto al más pequeño. Susan se ocupa del otro.

Los envolvemos en gruesos albornoces con capucha. Cansados, con el cabello mojado y gotas de agua en el cuello, parecen un par de boxeadores en miniatura después de un combate. Discuten sobre qué pijamas se va a poner. El pequeño sólo aceptará la camiseta de Batman. Parece que ya a su temprana edad se sienten inseguros. Deben de haberlo heredado de nosotros.

Susan le da al pequeño un biberón, que él se lleva a la boca con las dos manos, como si fuese un trompetista. Contemplo cómo ella le acaricia el pelo, le da besos en los hoyuelos de los deditos y le frota el vientre. Él se ríe sofocadamente y se retuerce. Qué espléndida inocencia muestra un ser humano cuando no teme que le hagan daño. ¿Quién podría destruirla sin herirse así mismo? En la escuela -yo debía de tener ocho o nueve años - se sentaba junto a mí un chico apestoso que venía de una familia pobre. Un día, cuando todos nos poníamos en pie, se le deslizó una pierna por detrás de la banqueta. Yo la moví deliberadamente y se la aprisioné. Nunca se me ha borrado de la mente su expresión de inexplicable e inesperado dolor. Uno puede elegir entre comportarse bondadosa o malévolamente con los demás.

Llevamos a los niños a la planta baja, donde se recuestan sobre almohadones despreocupadamente, mientras chupan sus chupetes y miran El Rey León con los ojos entreabiertos. Parecen un par de señorones fumándose un puro en el campo un día de calor. Me piden galletas de chocolate, como si fuero yo el mayordomo. Las cojo de la cocina sin que Susan se percate. Los chicos tienden sus dedos golosos, pero no apartan la mirada del televisor. A medida que avanza la película, no sólo murmuran los diálogos, sino que también imitan los efectos sonoros. Al cabo de un rato recojo las migas y, después de preguntarme qué hacer con ellas, las tiro en un rincón.

Susan trabaja en la cocina, mientras escucha la radio y contempla el jardín. Le gusta hacerlo. La vida con su familia, como la mía, ha sido más bien desagradable. Ahora se toma muchas molestias para comprar bien y preparar buenas comidas. Incluso si tomamos comida preparada, no nos deja comer entre una maraña de periódicos, libros infantiles y correspondencia. Saca servilletas, enciende velas y abre la botella de vino, insistiendo en que disfrutemos de una comida familiar como Dios manda, incluyendo los silencios incómodos y las discusiones violentas.

A Susan le gustan las subastas, en las que compra cuadros, grabados y muebles insólitos, a menudo con algún adorno de gastado terciopelo. Tenemos un montón de lámparas, almohadones y cortinas, algunas de las cuales cuelgan en medio de la sala, como si estuviera a punto de empezar una representación teatral, y de las que trato de evitar que los niños se cuelguen para balancearse. En todas las habitaciones hay grandes sillones, televisores, teléfonos, pianos, cadenas de música, los últimos números de las revistas y los libros más recientes. La mayor parte de la gente no disfruta de una comodidad, una abundancia un sosiego como éstos.

Pero no me siento en casa en mi casa. Mañana por la mañana abandonaré todo esto. Definitivamente. Adiós.

sábado, 30 de enero de 2010

I open & close

Cierro los ojos, me estoy imaginando como estará mi ex enamorada en este momento...
abro los ojos, no entiendo porque el masturbar mi sexo no puede llenarme.

Vuelvo a cerrar mis ojos, me pongo a pensar como seria tirarme una flatulencia dentro de un ascensor lleno...
que mas me queda que abrir los ojos, estoy en la oficina con un dolor de estomago de mierda.

Por inercia vuelvo a cerrar mis ojos, me imagino que sensación tan enferma y complaciente seria besar a todas las féminas de esta sala...
los abro inmediatamente, me encuentro en el cine con mi enamorada.

Una vez más los cierro, estoy besando a un chico que conocí la vez pasada en una discoteca gay...
abro los ojos, me encuentro en plena reunión de puros hombres hablando de nuestra tan digna y seguro masculinidad.

Que costumbre de cerrar los ojos, descuartizar a este gato negro se me hace un placer...
abro los ojos, como me encanta ir al zoológico con mi hermano menor.

Por última vez cerrare los ojos, me veo destruyendo a esta estúpida civilización que se adjudica el adjetivo de desarrollados...
me da miedo de abrir los ojos, pero soy parte de este sistema.

domingo, 17 de enero de 2010

ESTRES


Camino... el mero hecho de caminar me estresa,
un dolor en el tobillo, una semana que convivo con él,

me estresa recordarlo.

Observo... una avenida muy larga y ancha para mi gusto,
cruzarla también me provoca estrés,
abro mis ojos asfixiados de tanta lata movilizándose,
quedarme en el centro de la avenida, eso también me genera estrés.

Escucho... una bicicleta se moviliza por la ciclovia,
se acerca, yo me estreso más aun,
sentirla a mi lado derecho, me estresa,
la tumbo, mi estrés se detuvo,
pero el hecho de haberla tumbado me estresa nuevamente.


Bostezo... instantáneamente entre el smog por mi boca, odio el smog,
si tuviera buen sabor creo que no me molestaría,
pero eso hace también estresarme.


Toco... el pecho de la mujer de mi costado,
lo disfruto placenteramente,
pero me estresa saber que no son naturales.

Me estreso... y me estresa más aun saber que todo en la vida trae consecuencias,
lástima que me estresaría descubrirlos,
pese que ya estoy muerto.

sábado, 12 de diciembre de 2009

¿Por qué te adore?


Tirado en la cama. Acompañado en mi mano con una foto de una mujer, que fue muy especial para mi vida; no puedo dejar de pensar que a veces hacemos cosas en un momento, pensamos cosas en un momento, que quizás queremos olvidar en el futuro. Pero creo que con las personas que lo escriben, esto sucede diferente, por lo menos conmigo eso sucede diferente; porque en realidad cuando siento una cosa o cuando pienso, de repente hago un escrito de todo aquello que siento, y esto a veces es un problema. Porque en el futuro cuando todo ya ha pasado y quiero olvidarme de todo aquello que sentí en ese momento, que ya no es parte de mi vida actual, y que lamentablemente tengo que recordar mientras leo este escrito línea tras línea: -por qué la adore tanto?-, pero también -por qué no la pude adorar más?-.


Adoraba que ella se riera: no de mi, pero si conmigo…


No me gustaba pensar que se viera como esencialmente distinta a mi, creando escisiones y falsos dilemas ideológicos que solo conducen a una mayor aspereza en las relaciones entre los componentes propios de nosotros, los humanos...

Adoraba que sea tierna y apasionada. Que se dejara proteger. Que me saltara al cuello, me mordiera el lóbulo de la oreja y me meta un palmazo. Y que se atuviese a las consecuencias.

Adoraba que sepa combinar su lado femenino con un poco de espíritu “ranger”. Que haya sido sensual y lady, pero que también se subiera al micro para acompañarme al estadio.

Adoraba que tengan intereses creativos, que estén alguito desconectada con el mundo. Que ingenuamente quisiese cambiarlo.


Odiaba que este con su cara de puñete, con la jeta larga y que, cuando le preguntaba que les pasaba, me respondiese: “nada, nada”. Y odiaba que me diera pretextos falsos: ya salgo, ahorita bajo o dame un minutito, me seco el pelo y ya!

Sea mala o buena la conclusión, solo este pequeño escrito sabra como adore a esta mujer única en mi vida....

viernes, 13 de noviembre de 2009

DE NOCHE EN LA OFICINA

(Y todo esto conspiraba en esa mini oficina de octavo piso de 4 x 4 que tenían los funcionarios de RRHH. En esta misma mini oficina que a las justas tenía espacio para que entrara el escritorio de madera caoba del funcionario y la cuarta parte de escritorio que tenía asignado la secretaria de este. Más el frio del gigante metálico que venía a ser ese estante con más cajones que documentos en el. Y esa máquina de escribir tediosa que no paraba de malograrse cada 5 minutos. Y ese estúpido teléfono que no paraba de hacer RING RING....si, si y todo eso conspiraba en ese momento)


Imagen: De noche en la oficina de Edward Hopper

Y el tipo se acomodo el saco y corbata, inmediatamente cogió los papeles que la secretaría le había proporcionado, como era cuestión de mera rutina tomo el lapicero y comenzó a firmar solicitud por solicitud, acta por acta, memorándum por memorándum... pero en ese instante de descuides la mujer aprovecho en retirar del gigante estante metálico un file que decía en su cubierta "TOP SECRET". Al instante lo colocó dentro de la faja que tenía debajo de su uniforme de simple secretaría de octavo piso de la oficina de Recursos Humanos.


Sin embargo, mientras todo esto ocurría, el funcionario que paraba firmando y cogiéndose la cabeza como señal de desconocimiento de los papeles, solo esperaba que la secretaria se volteara para echarle una ojeada morbosa a ese hilo que se contrastaba perfectamente con ese uniforme, contemplando a la vez su espectácular movimiento de caderas de izquierda a derecha que hacia esta traidora.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El Ascensor


PRECAUCIÓN: Escuchar la canción mientras leen el post, en: http://www.youtube.com/watch?v=zHnZS8mAKGM
Mi vida era la de una ascensorista de medio tiempo, con un sueldo que mejor resumo en un paquete de galleta de soda y una gaseosa sin helar. Se puede decir que soy una estudiante universitaria de quinto ciclo de una de las tales carreras del futuro que se supone que me va a dar dinero para largarme de aquí, pero de la que no he visto hasta el momento ni pio que valga. Vaya carrera, vaya oportunidades desperdiciadas, vayas anhelos perturbados y vaya años invertidos de mi humilde vida para convertirme en lo que soy, una ascensorista de medio tiempo en mi propia universidad.
Pero en cierta forma, inverosímil que suene, me encanta; creo que le he encontrado un gusto agridulce el adivinar que cursos lleva la gente, que aspiraciones puedan tener, descifrar los gestos en sus rostros, a que clases estarán llegando tarde, muchas cosas que se que otros trabajos “más ejecutivos” no hubiera podido tener (…)

Como lo dije previamente, trabajo medio tiempo, ya que por la noche estudio, si eso se puede llamar estudiar, puesto que llevo mi cuerpo casi como un despojo carcomido por las horas en el ascensor que consumen lo poco de vitalidad que me queda, que eventualmente sufrimos todos pero que muchas veces siento que se desquitan con mi triste vida. En clase muchas veces sucede que mi cuerpo está ahí pero mis más profundos pensamientos están en la pintura que deje a medio terminar en mi pequeño zaguán que uso como estudio.

Lo único que me llena de esperanza, es saber que en la noche me encontraré con “Sandy”; sí, el chico al que estoy tratando de amar, no me pregunten por que le doy la presunción de “tratar”, como muchas veces me dijeron no hay palabra mal dicha sino mal interpretada, es todo lo que puede decir. Esta claro que me encanta todo de Sandy por eso casi siempre cerramos el día con un choque estruendoso pero armonioso a la vez de nuestros cuerpos deseosos de placer.

Veo a cámara lenta pasar los días, como suelen pasar las estaciones, como suelen pasar las fechas importantes, como suelen pasar el vaivén de sucesos en nuestras tan cortas y penosas vidas, y finalmente vi pasar mi cumpleaños, que lastimamente solo pasan una vez al año, porque ese día que paso me hiciste muy feliz Sandy, más de lo que te hice creer.

Recuerdo que me recogiste al trabajo, ósea al ascensor, y me dijiste: señorita, por favor al último piso. No me dijiste nada más en todo el camino. Me sentí confundida, pensé que estabas bromeando pero tus gestos, me decían todo lo contrario. Quería decirte: ¿Qué pasa? Pero me quede fría, a 10 grados bajo cero, creo yo. Al sonar el pitito del ascensor, que siempre suena así cuando llega a su destino, saliste presuroso del ascensor y al instante me dijiste: Muchas gracias señorita, la espero en el techo del edificio… No me dijo nada más. Dentro de mi misma me dije: Esta loco, estoy en hora de trabajo, y el sabe que si mi supervisor se entera que me di a la fuga, me votan de este trabajo que me da de sueldo un paquete de galleta y una gaseosa sin helar. Como era mi cumpleaños y casi nadie me había saludado, aparte de la señora que hace la limpieza en los baños, decidí darme a la fuga como lo haría cualquier prófugo de la ley.


Cuando llegue a la plataforma de ladrillo descubierto del techo del edificio, mire a todos lados, pensando en encontrar a Sandy, mire a todos lados y nada. Al instante sentí a alguien parado atrás mío, ese mismo alguien me susurro al oído: -Que profundo es tu amor en mí- , yo solo pude voltear y ver a Sandy parado con una sonrisa dibujada en su rostro con un juego de flores, cartuchos y lluvia que lo adornaban. Lo que consiguió esa noche no lo había sentido, desde cuando era un niña, un día en Navidad que mi padre, fallecido hace 5 años, me dijo: Eres lo que más amo en la vida. Está claro que ese fue el comienzo de un memorable día en mi vida. A la semana siguiente, me enteré que el había hablado con el supervisor para que me dejará irme más temprano ese día, lo que en cierta forma no lo volvió una fuga y mucho menos me volvió una prófuga de la ley, como yo lo creía. (…)

De vez en cuando hay algo en mí que no pasa como suelen pasar eventualmente las cosas en mi vida sino que crece y es esa impotencia de ver cambios bruscos en mi cuerpo. Me siento muy mal porque ya no soy tan fogosa en la cama y tengo miedo de que Sandy me deje.

Pero que puedo hacer si este apestoso y estrecho ascensor no me deja mover, no me deja volar con mis propias alas. Muchas veces he pensado dejarlo, diría que ochocientos treinta y siete veces desde que empecé a saturarme de este trabajo, en verdad ya perdí la cuenta, pero que tiene que ver eso, si a fin de cuentas ya me canse de siempre estar escuchando: primer piso, por favor; o muchas veces, o como sucede siempre me dicen: date prisa al onceavo piso. Muchas veces me han dado ganas de mandar a más de uno por las escaleras pero en esos tiempos no podía hacerlo pero reflexionándolo bien ahora si me siento capaz, me siento capaz de depender exclusivamente de mis pinturas y de Sandy. Si ahora si puedo (…)

¡Diablos! Eso lo digo muy a menudo cundo el bendito ascensor se malogra. Me siento menospreciada y disminuida por la universidad por no arreglar de una vez por todas, este ascensor. Que arreglar, deberían de cambiar estos kilos de chatarra por algo mejor. La otra vez recuerdo que me quede encerrada por 1 hora con 3 estudiantes y una docente, para variar el técnico encargado demoró toda lo que su reverenda gana le permitía. Digo: ¡Diablos! una vez más por que no tengo nada más que decir. Y así acaban muchos de mis días, viéndolo por el lado positivo no tengo que verles la cara a mas personas por hoy día (...)

Esta noche Sandy me propuso acompañarlo a un viaje de una semana a la Sierra, no me dijo explícitamente donde, solo me dijo: vamos para la Sierra. Sandy es un joven con un futuro alentador, le encanta el mundo de la fotografía, por un lado el si fue exitoso en lo que se propuso y mejor aun en lo que lo apasiona. En ese instante me solicita una respuesta. Y solo le digo: puede ser.


Esa noche se va de mi mini departamento, que más parece esas mini que usan varias chicas por las noches, y por consiguiente no pasaremos juntos la noche. Cuando veo su sombra cruzar la puerta, vuelvo a analizar en la respuesta que le di hace unos instantes.

¿Puede ser qué?, me dije. Si yo se que esa área de dos metros cuadrados no me dejará escapar de esta maldita monótona vida. Y para variar termino el día detestando la vida que me toco vivir. (…)

Se abre y se cierra el ascensor una y otra vez, siento como este envejece conmigo, he llegado a pensar que mi vida se ha vuelto exclusivamente el ascensor y el ascensor se ha vuelto mi vida; a veces pienso que el ascensor me habla, loca me he vuelto creo, pero que es la locura sino mas que estar en tu propio mundo y que nadie te entienda. (…)

Sandy viajo. Si, a ese viaje, el cual el me había invitado, y al que solo le pude decir: puede ser. Y como dicen: puede ser que si y puede ser que no; pero en mi caso es como un no contundente. Como un no, al dejarme amar, al dejar que me amen; pero así es, vivo presa de este ascensor que sube y baja, que no me deja escapar. Solo pedía disfrutar cada instante, pensé que estaba comenzando a amar a Sandy pero en verdad lo usaba como este maldito ascensor me usa a mí.

Cuando Sandy regresó de su viaje, nos vimos esa misma noche de su regreso, el vino hasta mi ascensor a recogerme, y fueron las siguientes palabras que salieron de mi boca, sin una razón ni con un por que: Vete por favor y déjame con mi ascensor, sal rápido por favor, que estas estorbando a la gente. El me miró y dijo: pero. No hay peros Sandy, le dije. Sandy se fue con un rostro que pareció arrasado por una torbellino de confusiones, y dejo caer una caja de crayones oleo, las cuales me iba a regalar, creo yo. Yo las deje ahí toda la noche, hasta que la chica de limpieza me dijo: ¿Señorita son suyas?...Yo solo le dije dejalo ahí.


Y lo único que verdaderamente comprendí ese día es que Sandy y sus crayones siempre tendrán un cuarto reservado en mi corazón…



*Hay les dejo la letra de la canción, disfrutenla. Saludos.


How deep is your love (que profundo es tu amor) – Bee Gees!

I know your eyes in the morning sun
I feel you touch me in the pouring rain
And the moment that you wander far from me
I wanna feel you in my arms again


And you come to me on a summer breeze
Keep me warm in your love and then softly leave
And its me you need to show
Chorus:
How deep is your love
I really need to learn
cause were living in a world of fools
Breaking us down
When they all should let us be
We belong to you and me
I believe in you
You know the door to my very soul
Youre the light in my deepest darkest hour
Youre my saviour when I fall
And you may not think
I care for you
When you know down inside
That I really do
And its me you need to show

jueves, 15 de octubre de 2009

"Blog Action Day"

Cuando me enteré del “Blog Action Day”, me nació casi espontáneamente la necesidad de poder transmitir algo, aunque sea en un par de párrafos sin origen o fin, haciendo un paréntesis al verdadero enfoque de este blog; desde chico recuerdo que me dijeron que debía de luchar y ponerle pasión a cada cosa que en la cual crees; y mediante este post trato de demostrar que yo aún creo en que la naturaleza autodestructiva del ser humano se puede cambiar, aunque sea con algunos pocos.

Antes de empezar estos humildes párrafos tengo que advertir que esto más que todo será un tipo de monólogo. Como todo tiene su comienzo, muchas veces me pregunto: ¿en serio valdrá la pena?, no puedo dudar que en varias oportunidades me ha dado la ganas de tirar la tolla pero me detengo y me digo: si no soy yo, ¿Quién más?... que otro loco invertirá su “importante” tiempo en hacer algo por el planeta, si hay tantas cosas más que hacer en la vida: irme a una disco rompe y raja, chupar hasta el amanecer acompañado de una salsa de fondo, coger mis maletas y escaparme de la Lima Gris, jugarme un partidito con mis patas para luego tomarnos una chelitas bien heladitas, y muchísimas cosas más que ustedes saben que esta de mas mencionarlas. Quiero señalar que no creo que sea malo hacer todo lo que mencione previamente pero que a la vez tratemos de ser condescendientes cone el Medio Ambiente, entendiendose por Medio Ambiente: a las plantas, animales, ecosistemas, oceanos, la misma tierra, los cielos y si se puede con nosotros mismos.

Pero saben algo, yo ya no lo hago por mi mismo, porque yo se que me voy a morir aquí a 40 años, bueno si antes no me pasa nada en el camino… mas que todo lo hago por las futuras generaciones , aunque parezca el mismo floro patético que a cada rato escuchamos en “n” lugares por “n” personas. Es que en serio considero que es hora de quitarnos las vendas de los ojos y preguntarnos: ¿qué estamos haciendo mal? y ¿cuánto mal estamos haciéndole al planeta?, entre muchas más preguntas que cada uno debería buscarle una respuesta.

Y se preguntarán que me motiva a hacer esto. Bueno les puedo decir que simplemente todo… pero últimamente tuve la oportunidad de viajar a Chanchamayo-San Ramón en el departamento de Junín en Perú. No saben el hermoso lugar que me encontré, puedo decir que estuve en un pedacito robado del paraíso. Fue una experiencia inolvidable en la cual puedo resumir en que no sigamos así, que en futuro no muy lejano nos vamos a arrepentir de cada uno de nuestros actos y de lo que perdimos y lamentablemente no volvamos a poder recuperar.
(Aquí les dejo algunas fotitos del viaje, díganme si esos paisajes no son hermosos)



No quiero llegar al punto de caer pesado y medio ladilla, solo pienso que si queremos que “los grandes países desarrollados” cambien es primordial que nosotros primero cambiemos aunque sea poco a poco. Yo mismo me pongo como ejemplo: soy consciente que contamino, un wuebo diría yo, pero tengo la convicción de que día a día puedo aprender una forma nueva de cómo no hacerlo a tal magnitud. Les sugeriría como vecino de este planeta que compartimos tan agraciadamente: que cada uno, voluntariamente calcule su huella ecológica (simplemente entrando a este link: http://libelula.com.pe/es/huella/calculadora.html )
Para mayor información acerca de este movimiento puedes visistar esta web: http://www.blogactionday.org/

Son las 4:34 de la madrugada, tal vez hoy no duerma, pero sentía la necesidad de escribir algo en este día; al menos por esta oportunidad me siento satisfecho =)


Aquí les dejo la letra de una canción, aunque sea un toque excesiva, pero muy buena onda:

“Almacenes de basura”

Y todo está patrocinado por enormes corporaciones,
¿Qué seguirá? Una estación espacial de Mc Donald’s
Esta cultura corporativa se chupa nuestros cerebros…
…mientras los buitres corporativos se comen nuestros restos.
Desde New York hasta Yokohama,
todo es terrible y todos estamos arruinados.
No hay forma de escapar,
de la violación corporativa.
Y este mundo en el que vivimos se dirige hacia el olvido…
…si no dejan de comprar basura en Staples y Baby Gay.
Soy un chico anticuado atrapado en un mundo corporativo.
¿Qué puedo decir? Soy un chico anticuado…
…que dice al diablo con este mundo corporativo.
Porque creo que la libertad es…
…un derecho que todos compartimos.
Pero creo que la publicidad está…
…arruinando nuestro aire.
Cuando veo un check de Nike en el guante de beisbolista…
…me hace llorar porque el mundo es un…
…gran almacén de basura.